Le costaba imaginarse sintiendo de nuevo aquella mágica sensación de cosquilleo en la boca del estómago. Mejor no preocuparse de ello, pensó. No lo necesitaba, bueno, no quería necesitarlo. Anhelar el amor la hacía sentir como un gato que siempre se enrosca en los tobillos maullando acaríciame, acaríciame, mírame, quiéreme.
Preferiría ser el gato que observa todo con descaro desde lo alto de una pared, con expresión inescrutable. El gato que evita las caricias, que no las necesita. ¿Por qué no ser ese gato?
Los deseos son engañosos; sin embargo, la esperanza es sincera. La esperanza realiza su propia magia.
¿Existía un destino más amargo que hallar lo más anhelado cuando era demasiado tarde?
Cuando sabes qué es lo que anhelas y lo mantienes como una luz dentro de ti, puedes hacer que las cosas sucedan, casi como magia.
Si hay algo que deseas, persíguelo. La esperanza tiene poder. No la malgastes en cosas sin sentido.
Los deseos son engañosos; sin embargo, la esperanza es sincera. La esperanza realiza su propia magia.
¿Existía un destino más amargo que hallar lo más anhelado cuando era demasiado tarde?
Cuando sabes qué es lo que anhelas y lo mantienes como una luz dentro de ti, puedes hacer que las cosas sucedan, casi como magia.
Si hay algo que deseas, persíguelo. La esperanza tiene poder. No la malgastes en cosas sin sentido.



















