Editorial La Galera
288 páginas, 17'95€
Guille es un niño introvertido con una sonrisa permanente, y es un lector empedernido con mucha imaginación. Solo tiene una amiga. Hasta aquí, todo en orden. Pero tras esta máscara de tranquilidad se esconde un mundo fragilísimo, como un castillo de cartas, con un misterio por resolver. El rompecabezas lo configuran un padre en crisis, una madre ausente, una profesora intrigada y una psicóloga que intenta armar el puzzle que está en el fondo. Una novela coral que respira sentimiento, ternura, vacíos, palabras no pronunciadas y un misterio sobrecogedor.
Me está costando horrores organizar la reseña de este libro, ya que es tan cortito que no quiero decir demasiado para no estropearos su lectura y además, quiero ser capaz de transmitiros todo lo que me ha hecho sentir.
Pero bueno, para conocer mi opinión de este libro, es necesario que antes conozcáis un poco a Guille. Guille es un niño reservado que no suele llamar la atención entre sus compañeros de clase y tiene una sensibilidad especial. Creo que en todas las clases de colegio podemos encontrar como mínimo un Guille, y eso es lo que hace que este libro sea especial: que sea tan cercano. Porque si en algún momento os habéis sentido como Guille o habéis conocido a alguien como él (un hermano, un hijo, un amigo,...) os enamoraréis totalmente de esta historia.
Y es que así es el tiempo cuando maneja los sentimientos: caprichoso, impredecible, a veces un buen compañero y otras, el peor enemigo.
El libro está narrado desde diferentes puntos de vista. Por un lado, tenemos la perspectiva de Guille, que aunque parezca un niño feliz y sin preocupaciones transmite la necesidad de pedir ayuda entre líneas. También hay capítulos narrados por Sonia, que es la maestra de Guille y la primera persona en percatarse de que hay un problema y pide ayuda a María, la psicóloga de la escuela, una persona que será de gran ayuda para Guille. Por último, también tendremos el punto de vista de Manuel, el padre de Guille, un personaje por el que tuve sentimientos muy encontrados durante todo el libro.
En mi opinión, el hecho de que haya tantas voces narradoras hace que la novela se vea enseguida. Además, hay una diferencia muy notable entre ellas: por ejemplo, los capítulos narrados por Guille transmiten esa inocencia que sólo tienen los niños.
También hay un gran misterio que hace que no te despegues de la novela. Creo que está muy bien trabajado y a medida que avanzan las páginas hay más interrogantes pero al final todo cobra sentido. La verdad es que yo llegué a sospechar varias cosas (algunas de ellas bastante sádicas) pero el gran enigma no se desvela hasta el final, y eso es algo que siempre es de agradecer.
La verdad.Qué cierto es eso de que cuando llevamos mucho tiempo buscando la verdad, el día que por fin la descubrimos llega lo más difícil.¿Qué hacer con ella?Lo curioso no es tanto haberla tenido delante de nuestros ojos todo el tiempo y no haber sabido verla hasta el último momento. Lo realmente curioso es que cuando por fin aparece, la verdad no permite largos plazos. Exige actuar, normalmente con urgencia.
Para acabar, voy a compartir con vosotros mi fragmento favorito de la novela.
Se trata del momento en el que Manuel explica como conoció a la madre de Guille y como se acabaron casando y tiene algo muy especial... Siempre que lo releo me saca una sonrisa bobalicona :)
Nos casamos muy rápido, puede que más de lo que me habría gustado. Me lo pidió ella y cuando le dije que por qué no esperábamos un poco y nos conocíamos mejor, Amanda se echó a reír y me dio un beso. "Manu- dijo-, ¿para qué vamos a esperar si ya nos hemos encontrado?". Aunque hablaba muy seria, bromeaba, pero yo no me di cuenta y, como siempre, caí de cuatro patas como un bobo. Me puse tan rojo que sentí que me ardía el cogote y ella, al verme así, ladeó la cabeza y se abrazó a mí, hundiendo la cara en mi cuello y bañándome en su olor. "No hay que hacer esperar nunca a lo bueno, cariño", me dijo al oído así, muy bajito.
Muchas gracias a La Galera por el ejemplar













