jueves, 8 de junio de 2017

Bis, David Fernández Sifres y Jorge Gómez Soto


Editorial SM
120 páginas, 9'95€

Dos chicos, dos chicas, una fiesta, música, luces, salas y más salas... Y también secretos, miradas ocultas, confusión... y esa cuenta atrás que no sabes adónde te lleva.

Es probable que nunca hubiera leído BIS si no me hubiera llegado esa invitación para acudir a esa misteriosa fiesta. 
Una fiesta que, igual que en el libro, tenía 3 normas:
1. Debes acceder solo.
2. Si abandonas la fiesta, no puedes volver a entrar.
3. Diviértete.
La verdad es que lo único que yo sabía del libro es que está ambientado en una fiesta, nada más... pero es que cuando vi el booktráiler me entró el ansia viva de leer el libro, y tenía claro que iba a leerlo cuanto antes.


Víctor y Martín son dos amigos que conocen a un par de chicas extranjeras en una página de internet. Al parecer han tenido bastante suerte, porque además de ser guapísimas han decidido quedar con ellos y les han invitado a una fiesta secreta en medio del monte. 

Al principio parece una fiesta clandestina bastante normal: un par de seguratas en la puerta que te piden una clave para poder entrar, las salas abarrotadas de gente y la música muy alta. Parece hasta normal que Víctor y Martín, que entran con 6 minutos de diferencia, no puedan encontrarse con tanto follón... ambos están con sus respectivas "parejas" pero al cabo de un rato empieza a resultar bastante extraño que no consigan encontrarse.

El libro te atrapa tanto que llega un momento en el que piensas que estás también dentro de esa fiesta. Yo no entendía nada, estaba descolocada y había varias escenas que no me cuadraban... tenía esa sensación de decir "¡Por favor, que alguien me explique qué está pasando aquí!" porque mi cabeza no podía imaginar una solución lógica que explicara cómo iba a cuadrar todo. 
Y entonces llega ese final: UN PEDAZO DE FINAL. Me ha encantado, desde luego. Es de esos finales que hacen que todo encaje a la perfección. Eso sí, no puedo decir que sea un final cerrado, no, porque hay algunas cosas que se quedan en el aire. Es ese tipo de final que hace que te quedes con la miel en los labios y desees que haya una segunda parte, así que por favor, señores escritores, os ruego que os animéis y nos deis a los lectores un poquito más de BIS (o BAL, o TRUE, o como lo queráis llamar).

Eso sí, después de haber leído este libro, no sé si me atrevería a acudir a una fiesta de presentación para la segunda parte... ;)

jueves, 18 de mayo de 2017

Caída libre, Nina Sadowski


Editorial DEBOLS!LLO
384 páginas, 12'95€

¿Qué harías si descubrieras que el amor de tu vida ha ensuciado sus manos con sangre? ¿Estarías dispuesta a matar por él? ¿Estarías dispuesta a morir?

Entonces...

En el que debía ser el día más feliz de su vida, momentos después de dar el «sí, quiero», un terrible secreto sale a la luz y amenaza con sacudir la vida de Ellie para siempre: años atrás, su flamante marido Rob había sido un asesino a sueldo. Quinn, su mentor, apareció después de la ceremonia con un encargo para ella: matar a un hombre; de lo contrario, el cadáver que encontrarían sería el de Rob.

Ahora...

En la paradisíaca isla de Santa Lucía, Ellie no está disfrutando precisamente de una luna de miel. No puede sacarse de la cabeza que esas manos que ahora lucen un anillo de casado estén manchadas de sangre. Y hay gente muy peligrosa que aún sigue tras su pista. Rob nunca hubiera imaginado que arrastraría a Ellie al siniestro mundo en que él se encuentra atrapado. Y Ellie nunca hubiera imaginado hasta dónde sería capaz de llegar para defender al hombre al que ama.

Caída libre es uno de esos libros que enganchan desde el primer capítulo. La primera escena que leemos es la de un crimen en una habitación de un lujoso hotel de Santa Lucía. No sabemos la identidad de la víctima, no conocemos las razones de la asesina, ni siquiera sabemos si entre estas dos personas hay algún tipo de relación... pero la forma en la que se produce el asesinato y el comportamiento que tiene la asesina justo después dan a entender de que no se trata de un crimen pasional, parece todo estrictamente calculado.

Esa primera escena ya nos pica la curiosidad, pero en el segundo capítulo damos un salto al pasado y vemos a esa misma mujer en uno de los días más felices y a la vez más complicados de su vida: el día de su boda. 

Es difícil intuir qué diferencia temporal hay entre ambas escenas, entre los capítulos que narran el presente y los que narran el pasado, y la verdad es que era una de las cosas que a mí más me inquietaban, ya que por ejemplo Ellie, la protagonista, parece una persona totalmente diferente a la que era, y como tampoco sabemos los motivos por los que las cosas han cambiado tanto tenía la necesidad de seguir leyendo para descubrirlo.

Digamos que hay tres hilos en esta historia, tres hilos que hasta el final no sabemos cómo se unen. En el primero, el entonces, vemos a una Ellie feliz con su prometido, con ganas e ilusión de afrontar una nueva vida junto a él. También vemos el ahora, y en esta línea temporal encontramos dos historias que aparentemente no tienen ninguna relación. Por un lado, vamos siguiendo a Ellie después de haber cometido el crimen narrado en la primera escena de la novela, y por otro lado seguimos la historia de un policía de Santa Lucía que está investigando la desaparición de unos niños. 
Hasta las últimas 30 páginas no veía qué relación podría haber entre la historia de Ellie y la investigación de los niños desaparecidos. Me gusta que los misterios se mantengan hasta al final, pero en este caso creo que deberá haberse cuadrado con algo más de detalle, ya que me dio la sensación de que todo acababa demasiado rápido y me faltaron explicaciones... he tenido la sensación de faltaba algo más de información para poder convencerme con ese desenlace.

Cabe decir que la novela tiene un ritmo muy bueno. Los capítulos son muy cortos (entre 2 y 5 páginas) y siempre van alternando entre el pasado y el presente, por lo que siempre te quedas con las ganas de saber qué pasa en ambos hilos y te enganchas enseguida al siguiente capítulo para avanzar y poder descubrirlo e ir cuadrando poco a poco las piezas hasta que la historia encaja.

Si hay algo que me ha encantado de la novela es la relación que hay entre Ellie y su prometido. Al ver cómo era su relación en el pasado y las cosas que están pasando ahora vemos que hay muchos claros y oscuros... en muchos momentos dudamos de las verdaderas intenciones que tienen y de la autenticidad de la relación, pero a la vez hay momentos tan íntimos entre los dos que pensamos que no hay traición posible. Es algo que también nos tiene intrigados y que no sacamos en claro hasta el final de la novela.

En definitiva, Caída libre es una novela con mucha intriga, que se lee de forma muy ágil, que te atrapa desde la primera página y que no deja de dar sorpresas hasta el final. Tampoco puedo decir que sea la mejor novela negra que he leído pero es muy entretenida y tiene buenos personajes.


sábado, 22 de abril de 2017

Frases para recordar: Siempre será diciembre, Wendy Davies (Parte 1)


Es lo que tienen las historias reales: no hay reglas, no hay orden, no hay nadie que te diga dónde empiezan y dónde acaban, ni por qué tienen que acabar. El final puede ser eterno, el final puedes decidirlo tú.

¿En qué se parece un secreto a una mentira? En nada. Si el secreto fuera mentira, no sería un secreto. Las mentiras son el escudo que protege los secretos. Sin mentiras no hay secretos, sin secretos no hay mentiras. Las mentiras pueden hacerte feliz, pero no pueden hacerte libre. Los secretos tampoco pueden hacerte libre. Al final, resulta que sí se parecen.

Los secretos son peligrosos. Son como las velas de cumpleaños: pueden quemarte.

Puede que mañana despierte y, de repente, recuerde todas las veces en que le quise y su ausencia me marchite el alma.

Solo soy capaz de pensar en su mano aferrándose a la mía, como si estuviera a punto de caer y esa sujeción fuera lo único que lo mantuviera con vida. Lo que no sé es quién sujeta a quién. Puede que todos estemos a punto de caer, puede que todos acabemos cayendo, puede que ya hayamos caído.

Mi madre suele decir que la rabia es como coger cien cuchillos y lanzarlos al aire: al final, siempre acabas herido.

Cuando hablan de las almas gemelas, yo pienso en imanes. Antiguamente se creía que que los imanes tenían alma, por eso eran capaces de atraer o repeler un objeto. Para mí las personas somos imanes, nuestras almas están llenas de propiedades magnéticas que atraen a otros cuerpos con mayor o menos intensidad. Y en algún momento, alguien se te pega de tal forma que es imposible soltarse.

Cuando todo desaparece, cuando te lo han quitado todo y no te queda nada a lo que agarrarte, cuando ni siquiera eres capaz de ver el suelo que pisas, la rabia puede salvarte la vida. Tal vez acabe matándote, tal vez te destroce, pero nadie dijo que vivir fuera sencillo: a fin de cuentas, no puedes razonar con la rabia. 

A veces no necesitas dejar de respirar para estar muerto.

Mientras yo siga respirando, tú nunca te irás. Puede que yo te matase, pero no voy a permitir que mueras.

Si había un resquicio de amor en ti, estaba depositado en ella. A veces pensaba que no podías amar a nadie porque la amabas a ella con todas tus fuerzas.

Al fin y al cabo, amar va de eso, de darle a alguien el poder de destruirte y confiar en que no lo hará.

El problema de las mentiras es que la primera cuesta, pero el resto salen solas. Es casi como un arte: cuanto más practicas, mejor eres.

He estado tan hundida en mi dolor que me he olvidado de que el mundo seguía avanzando. Así que salgo a la calle, paseo por el pueblo e intento que el tiempo vuelva a caer sobre mí y se lleve todo lo que siento.

A fin de cuentas, estamos hechos de capas: nos vamos poniendo más y más capas encima, y cada paso que damos cuenta; cada persona que conocemos cuenta; lo que nos pasa, lo que vivimos, lo que perdemos. Todo cuenta; es la suma de lo que somos.

Siempre he sido una experta en pedir deseos. A una estrella fugaz, a la última cerilla, a una pestaña, al ver a alguien sonriendo y llorando a la vez, al cruzarme con un gato negro o cuando alguien dice lo mismo que yo al mismo tiempo. Pero esta vez es distinto, esta vez sé que no se cumplirá, y sin esperanza los deseos están condenados a morir incluso antes de que los pronuncies.

La verdad es que no sé si estoy muerta o viva, lo que sí sé es que siempre será diciembre. El frío nunca se irá y los dientes de león seguirán cayendo porque mi deseo nunca se cumplirá.

Todo ha cambiado y todo sigue igual: el verde reflejado en los muebles, la música sonando demasiado alta, el polvo recubriendo los discos, y es extraño que nada haya cambiado cuando nunca volverá a ser lo mismo.

Debería haber un cementerio para todas esas cosas que te recuerdan a alguien que ya no existe. El cementerio de los objetos olvidados; ellos también merecen descanso.

Si la muerte no te asusta, es que la vida te aterra.

Se dio cuenta de que merece la pena vivir, de que hay que seguir adelante porque no sabes lo que la vida te tiene preparado. La muerte es oscuridad invariable, la vida cambia a cada instante y puede ser lo que quieres que sea. Tú decides.

Esperaré hasta que creas que puedes ser feliz y entonces te lo quitaré todo.

Si finges que algo no te importa, al final consigues creértelo. Pero no es verdad y las mentiras son frágiles: un toque y todo se hace añicos.